El Flamenco. Rapaces y grandes aves



El Flamenco

Todos hemos visto muchas veces los interminables bandos de estas aves levantando el vuelo desde algún lago africano, pero, a pesar de ello, se trata de un ave cuya presencia en el continente europeo es poco menos que testimonial.

Sus zonas de nidificación se limitan a una colonia en el sur de España y otra en Francia, así como algunos pequeños grupos nidificantes en algunas lagunas y zonas costeras de nuestro país. Su presencia como invernante y ave de paso en sus viajes migratorios es más frecuente, no siendo difícil observarlo en muchas salinas levantinas e incluso en parajes húmedos de La Mancha.

Los flamencos son aves extremadamente gregarias durante todo el año, necesitando además de esta masificación para conservar su ciclo vital normal. Tras las cópulas, las colonias de flamencos se afanan en la construcción de sus nidos, que se agolpan, a veces por centenares, en aquellas zonas de la marisma donde el nivel del agua es más bajo. Estos últimos son de una curiosa construcción consistente en un cono formado por barro, plumas y restos vegetales y aplanado en su extremo superior, donde el flamenco prepara una pequeña depresión para depositar sus huevos.

Las puestas más frecuentes consisten en un solo huevo que incuban durante aproximadamente un mes, al cabo del cual, nace un pollo que poco tiene que ver físicamente con sus progenitores. El polluelo carece del característico pico curvado y el tamaño de sus patas es bastante reducido si lo comparamos con sus padres.

El flamenco es el Ave Fenix de los egipcios, nombre adquirido después en su denominación latina. La curiosa forma de su pico es, en realidad, un eficaz filtro para separar el agua de las partículas aprovechables del limo.




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