El perezoso. Cazadores o cazados


El perezoso
El perezoso, un oso lento que parece una estátua

En las selvas húmedas de Sudamérica vive este extraño animal que ha hecho de la lentitud una forma de vida y de la inmovilidad la mayor de sus defensas. El perezoso pasa la mayor parte del día dormitando entre las ramas de los árboles, casi invisible para cualquier observador aunque le tenga delante.

La verdad es que la diferencia cuando está durmiendo y cuando se está moviendo es prácticamente nula, puesto que si decide ponerse en marcha para alimentarse o cambiarse de rama lo hace con tal lentitud que para un observador sería como sentarse a ver crecer una planta. Se alimenta de vegetales, brotes y hojas tiernas que coge directamente con la boca y mastica, también, con extraordinaria lentitud.

Todo esto podría hacernos pensar que se trata de un animal débil y desvalido y nada más lejos de la realidad. Es muy resistente a las agresiones y las heridas y soporta los rigores del hambre y la sed. Sus pautas de comportamiento aunque extrañas, son muy eficaces, puesto que no están dirigidas a repeler o impedir con la huida una posible agresión, sino a evitar que ésta se produzca sencillamente porque no le ven. Los perezosos tienen una sola cría que en sus primeros días permanece pegada al cuerpo de su madre, que a partir de las seis semanas de edad comienza a tratarlos con cierto desdén. Superados los nueve meses los jóvenes perezosos inician una vida independiente alejados de su progenitora.

El perezoso puede girar su cabeza casi trescientos sesenta grados. Tiene los pelos parasitados por un liquen de color verdoso que le ayuda en su perfecto camuflaje.



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